El aislador galvánico protege la instalación del barco frente a corrientes electrolíticas que pueden causar corrosión entre metales. Incorpora dos diodos en antiparalelo, configuración que permite el paso de corriente en ambas direcciones al superar un umbral aproximado de 1,4 V CC. Se instala detrás de la conexión de 230 V del barco. Como su tensión de conducción es superior a las diferencias de potencial entre metales, bloquea esas corrientes y evita el deterioro galvánico de los componentes sumergidos. Si aparece una tensión de fallo más elevada en el circuito de corriente alterna, los diodos empiezan a conducir, permitiendo que circule la corriente y que el dispositivo diferencial interrumpa el circuito. Así combina protección contra la corrosión y seguridad eléctrica a bordo.